Amélie Nothomb, ¿teórica de la magia?

¿Quién no conoce a Amélie Nothomb, un verdadero fenómeno literario, leída en todo el mundo por millones de lectores?

Basta con ir a uno de sus encuentros o a una de sus firmas de libros para darse cuenta del fenómeno, en una época en la que es común decir que "ya nadie lee", para darse cuenta de la multitud que moviliza en cada uno de estos encuentros, y del vínculo privilegiado que mantiene con sus lectores y lectoras desde hace más de treinta años.

Para evocar este fenómeno, he querido compartir con vosotros un ejercicio que hago a menudo: si Amélie Nothomb fuera una maga (¡y lo es, sin duda!), y más precisamente una teórica de la Magia, ¿cuál sería su enseñanza?

Para simplificar mi argumento, partí de la observación de una de sus novelas: Matar al padre.

Matar al padre es la vigésima novela de Amélie Nothomb, un texto que, detrás de este título tan edípico, revela una historia dedicada al arte mágico. Esta novela tiene algo eminentemente mágico, como muchas de sus novelas, pero lo veremos más adelante.

Antes que nada, ¿cuál es la historia?

Octubre de 2010, la novela comienza en un club de magia parisino.

En la sala del fondo, la mirada de la narradora (¿Amélie Nothomb?) se centra en dos hombres: el primero, de unos treinta años, juega al póquer y no deja de ganar; el segundo, de unos cincuenta, está apoyado en la barra y no le quita ojo.

Intrigada, pregunta a los clientes presentes quiénes son estas dos personas. El más joven se llama Joe Whip, el mayor Norman Terence.

Se impone un flashback.

Volvemos a 1994, Reno, Nevada, Estados Unidos. Joe Whip tiene entonces 14 años. Apasionado por la magia, aprende, de forma autodidacta, trucos frente a su espejo (¡incluyendo, para mi gran sorpresa, el truco del as de Guy Hollingworth!).

No conoce a su padre y busca uno.

Su madre se preocupa poco por él y termina echándole de casa. Joe se va a vivir solo a un hotel y decide dedicar sus días y noches a la magia.

Es entonces cuando un desconocido se da cuenta de su talento. Le envía a formarse con el más grande de los magos: un tal Norman Terence.

Este último acepta cuidar al joven y lo acoge incluso en su casa y la de su compañera. Joe perfecciona su arte y por fin conoce la verdadera vida familiar.

Norman considera cada vez más a este joven como su propio hijo. Sin embargo, algo se romperá entre los dos hombres y modificará para siempre este cuadro familiar. ¿Qué será del joven Joe y de su maestro Norman?

Sin desvelaros nada, la novela continúa con el recorrido de Joe, y un conflicto que se instalará entre los dos hombres, hasta la obstinación más extrema. Pero, ¿no corren el riesgo de arruinar sus vidas, e incluso las de sus seres queridos, por aferrarse a una idea?


En un primer nivel, Amélie Nothomb aborda aquí las relaciones padre-hijo y revisita el mito edípico: el niño que desea a su madre, debe ocupar el lugar del padre: es decir, matarlo.

Según Freud, es necesario «matar al padre» para convertirse en un adulto, en otras palabras, liberarse de las expectativas para alcanzar la libertad.


Pero volvamos a lo que nos ocupa: ¿cómo adaptar la escritura de Amélie Nothomb a nuestro Arte?


Os propongo empezar, antes que nada, por la primera imagen de cada uno de sus libros: el título, la portada y la contraportada.


1- El condicionamiento.

Primero la portada: la primera obra de Amélie Nothomb es su propio personaje, hasta el punto de ser el personaje principal de varias de sus novelas, hasta el punto de tener su retrato en cada una de sus portadas, un retrato perfectamente identificable, ¡y hasta el punto de haberse convertido en una heroína de película de animación!

Esto nos interroga primero sobre nuestro propio personaje: ¿cómo definirlo? ¿Cómo vestirlo? ¿Cómo hacerle hablar? ¿Cuál es su nivel de lenguaje? ¿Cuál es su ritmo de habla? ¿Cuál es su huella vocal? ¿Cuál es su silueta? ¿Su forma de moverse? ¿Cuál es su carácter? ¿Su estilo de vestir? ¿Cuál es su trayectoria? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su relación con los demás? ¿Su relación consigo mismo? Etc.

Cuanto más claros seamos con esta identidad, más podrá el público identificarnos, proyectarse e identificarse.


Por ejemplo, Amélie Nothomb siempre elige nombres fuera de lo común para sus personajes (y no es un simple truco: la etimología dice mucho sobre el carácter o el destino de sus personajes), y tú, ¿conoces la etimología de tu nombre? ¿Conoces la etimología del nombre del accesorio que utilizas? ¿Su historia? ¿Cómo integrar esta información en nuestra Magia?

Por ejemplo, "Amélie" viene del japonés "Amé" (¡id a ver en su novela, adaptada a película de animación "Metafísica de los tubos" lo que se convierte esta información!), que significa "lluvia", este nombre también viene del griego que significa "despreocupación".


Una vez pasado el efecto de la foto y de su nombre, Amélie Nothomb se caracteriza también por sus elecciones de títulos que siempre interpelan.

Aunque comprendamos cada uno de sus términos, los títulos son siempre sorprendentes por las palabras que elige para que cohabiten (Metafísica de los tubos, Higiene del asesino, Diario de una golondrina, Cosmética del enemigo, Biografía del hambre...)

También podemos encontrar títulos con nombres poco comunes: Los aerostatos, Psicopompo o Las catilinarias.

Esta ligera distorsión interpela por su originalidad y su extrañeza.

Intenta hacer coexistir dos palabras que aparentemente no tienen ninguna relación entre sí (el imán líquido, el peso del aire, el doble fondo del tiempo, etc.), o intenta inventar un significado a una palabra que no conoces pero que has leído o oído.

¿No podría surgir de esta ocurrencia una idea mágica?


Finalmente, la contraportada, donde habitualmente se encuentra un resumen de la novela, que se supone que incita a comprarla, se convierte en Amélie Nothomb en una frase muy corta, extraída de la novela que estamos a punto de comprar, con los principales criterios: ser breve y misteriosa (en otras palabras, ¡no decir nada de lo que va a seguir!).

En el caso de la novela que nos ocupa: « Vaya usted a saber qué pasa por la cabeza de un jugador. »

Esta primera impresión es muy inspiradora si la aplicamos a nuestros espectáculos: cuidar el título, el paratexto, el subtítulo, el cartel, pero también el tiempo de espera antes de que empiece el espectáculo. Me explico.

¿Qué podemos mostrar a los espectadores antes del inicio del espectáculo y que pueda condicionarlos a lo que va a seguir: una música, una luz que los reciba, un vídeo, un elemento de decoración, una caja cerrada, un texto para leer, un programa distribuido, un sobre cerrado para abrir más tarde, etc. ?

En resumen, si "el silencio que sigue a un trozo de Mozart sigue siendo Mozart", creo firmemente en la idea de que los minutos que preceden a un espectáculo ya forman parte del espectáculo.

 

2- La escritura.

Si hay una autora cuya escritura es reconocible entre mil, ¡esa es Amélie Nothomb!

Su estilo conciso, enérgico y desprovisto de artificios, esta historia de inspiración que no la empuja necesariamente a escribir más, sino al contrario a quitar: las palabras inútiles, las repeticiones, todo lo superfluo (ninguna descripción, pocos adjetivos).

Frases cortas, capítulos cortos, novelas cortas, cada vez más cortas a medida que pasa el tiempo, cada vez más elipsis.

¿Quizás esto proviene de su educación japonesa, cuando su padre era embajador allí?


El caso es que este enfoque nos interroga sobre la estructura de nuestros espectáculos: ¿el comienzo es eficaz, sorprendente? ¿No hay explicaciones superfluas? ¿No hay demasiados trucos? ¿Demasiados efectos? ¿Demasiados objetos? ¿Demasiada música? ¿Demasiado texto?



3- La estructura.

El relato de "Matar al padre" nos sumerge en los laberínticos entresijos de la magia; su lado oculto, sus astucias, sus artificios, sus trucos, pero también el juego, y con él la trampa.

La novela, de hecho, comienza con un estudio comparativo de ambos universos.

¿Es el arte mágico solo un engaño? ¿Una impostura? ¿Una estafa?

Amélie Nothomb escribe que «el objetivo de la magia es hacer dudar al otro de la realidad». ¿Debemos dudar hasta el punto de ser engañados? La magia, el juego y el engaño están innegablemente ligados. ¿Dónde está la frontera? ¿Cuándo se pasa al otro lado, aquel donde la realidad ya no se deforma para el bien del público, sino en detrimento del otro?

Nothomb responde precisamente a esta pregunta con la idea de que el tramposo obra en detrimento del pardillo al que despluma, mientras que el mago obra para el bien de su público: maravillarle, permitirle reencontrar la poesía contenida en un objeto, un sueño, una imposibilidad, un estado de infancia.

Por otro lado, la idea de oponer en la mesa de juego a un tramposo por un lado y a un mago por el otro es una base narrativa sumamente interesante: ¿quién ganará? ¿Y ganar reside solo en tener mejores cartas? ¿Ganar qué? ¿Ante quién? ¿Cómo?


4- El laberinto.

La escritura laberíntica también reside en sus novelas, o en sus personajes con múltiples entradas, múltiples salidas, falsos caminos, falsas pistas, callejones sin salida, patas de gallo, giros de 180 grados, trampantojos, "giros" inesperados, para finalmente crear el mejor camino para unir los dos, o simplemente aprender que en realidad estábamos fuera del laberinto.

Esa es la pregunta a la que debemos responder: ¿a qué conduce nuestra representación? ¿A qué efecto? ¿A qué idea? ¿Qué pregunta? ¿Qué sensación?


5- Técnicas de escritura.

Anteriormente mencionamos los títulos de las novelas "nothombianas", que pueden ser una fuente de inspiración. Por ejemplo, también podríamos citar la reescritura (cuentos tradicionales, mitos, novelas, textos sagrados ("Sed").

Su reescritura de grandes personajes (Barba Azul, Quasimodo, Riquet el del copete...) transponiéndolos a otros contextos, otras épocas, otros espacios, otras irrealidades es una vía de creación muy rica.

Finalmente, el uso de temas "fetiche" (su relación con la infancia, el tema del doble que persigue muchos de sus escritos, la comida, Japón, etc.). El hecho de reencontrar regularmente estos temas da una verdadera coherencia general a su obra, aunque sus novelas sean independientes entre sí, y contribuye sin duda a darle su "sello personal".



6- La rutina.

Uno de los elementos fundamentales de su escritura es sin duda la rutina, la autodisciplina y la devoción a su Arte, su capacidad para imponerse ritos: escribir cada mañana de 4 a 8 de la mañana pase lo que pase, publicar cada año una novela a finales de agosto, etc.

No cabe duda de que, hagas lo que hagas, aprenderás algo haciéndolo todos los días.



Para concluir, como vemos, sumergirse en el universo de un(a) artista es una caja de Pandora, y puede convertirse en una verdadera masterclass sobre el arte mágico, si nos tomamos el tiempo de observarlo con atención y con una mirada mágica.

Si la idea os gusta, podríamos repetir la experiencia en otra ocasión, ¿quién sabe?


Y tú, ¿tienes un autor o una autora, un director, una directora, un(a) pintor(a), un(a) arquitecto(a), un(a) actor(a) fetiche cuyo trabajo influya en tu magia?

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