Juan Tamariz, el ilusionista español estrella
JUAN TAMARIZ, EN EL PRESENTE
¿Quién de nosotros no conoce a Juan Tamariz?
Nos acaba de dejar este 18 de agosto de 2026.
Pero, ¿puede un monumento así dejarnos realmente?
Por las emociones que nos transmitió, por la energía que nos comunicó, por las ideas que compartió con nosotros, por cada una de las actuaciones que nos ofreció, causando el efecto de un torbellino, Juan Tamariz no está a punto de dejarnos.
Juan Tamariz nos mostró un camino mágico, en el que nada es imposible, salvo quizás hablar de él en pasado.
Como sabemos, Juan Tamariz es un prestidigitador español mundialmente reconocido como uno de los más grandes maestros de la cartomagia.
1- Los inicios.
Pero antes de nada, volvamos un poco atrás.
Su verdadero nombre es Juan Tamariz-Martel Negrón, nacido el 18 de octubre de 1942.
En 1961, a los 19 años, ingresa en la Sociedad Española de Ilusionismo, donde conoce a Juan Antón (con quien creará el número "Los mancos", en el que dos magos utilizan solo uno de sus brazos) y, sobre todo, otro encuentro, ¡cuán decisivo!, con Arturo de Ascanio, a quien considera su Maestro.
Paralelamente a sus actividades mágicas, cursa estudios universitarios de física y luego de cine en la Escuela de Cine (en Madrid), hasta su cierre por decisión del régimen totalitario franquista en 1970.
Sin embargo, estas dos disciplinas le serán preciosas para elaborar su propia magia: rigor, lógica, investigación, trabajo en equipo, precisión y creatividad nunca lo abandonarán.
Con estas cualidades, y su deseo de transmitir e intercambiar, funda con otros magos La Escuela Mágica de Madrid, y luego, en 1973, las «Jornadas Cartomágicas del Escorial», donde se reúnen un pequeño número de magos de todo el mundo para trabajar juntos en un programa seleccionado y renovado cada año.
2- Las distinciones.
Con una personalidad así, muy pronto se distinguirá de sus compañeros, obteniendo, por ejemplo, varios premios en su país (Zaragoza en 1962, Barcelona en 1964, Madrid en 1968, San Sebastián en 1972), para finalmente alcanzar el reconocimiento internacional en 1973, al ganar el primer premio de cartomagia en el congreso mundial de la Federación Internacional de Sociedades Mágicas de París, por una rutina conocida a partir de entonces como "Número de París".
Arturo Ascanio declarará que esta rutina es "la más hermosa que ha visto en su vida".
Asimismo, Dai Vernon, El Profesor, dirá que en más de ochenta años de magia, "nadie lo ha engañado como lo hizo Juan Tamariz."
¡Nada menos!
En 2009, también recibe un Premio especial por «la teoría y la filosofía» en el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Sociedades Mágicas en Pekín, China.
En abril de 2011, recibe finalmente la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes de España.
3- Una vida compartida.
Durante más de cuarenta años, Juan Tamariz actuó en todo el mundo, tanto como mago como conferenciante, y también se le veía regularmente en televisión, en Europa, América y Japón.
Recuerdo, por ejemplo, su aparición en el programa de Gilles Arthur: "Atención magia" (a principios de los años 90) en el que hizo la memorable demostración de «su cochecito», en la que un cochecito se detiene obstinadamente delante de la carta elegida perdida en medio de la baraja extendida en cinta sobre la mesa, y de su truco "Triple Coincidencia", ¡donde dos barajas mezcladas libremente por dos espectadores no dejan de mostrar signos de gemelidad antes de encontrarse exactamente en el mismo orden! Esta rutina está publicada en su obra «Sonata», publicada en 1991.
¡Dos lecciones de construcción, entretenimiento y desapego!
¡Recuerdo lo mucho que esos minutos marcaron a fuego la memoria del joven mago que yo era!
Hay que saber que Juan Tamariz ya era muy popular en España debido a su omnipresencia en televisión desde 1972.
El que es apodado «El Maestro» ha, y la palabra no es demasiado fuerte, revolucionado profundamente el Arte mágico con su estilo único, reconocible entre mil, mezclando un inquebrantable rigor psicológico con su personaje escénico excéntrico, casi caricaturesco.
3- Una personalidad fuera de lo común.
Lejos de la imagen del mago tradicional, misterioso y distante, Juan Tamariz se presentó muy pronto con su cabello revuelto, su inseparable sombrero de copa ladeado, sus gafas, una gestualidad falsamente caótica y su energía desbordante, convirtiéndose en la encarnación de la picardía y el arrojo.
Utilizaba, con maestría, un falso instrumento musical, a menudo un violín (imitando el sonido con la boca) para celebrar el éxito de un truco.
¡Estoy convencido de que la simple lectura de su «TIALALAAAAAAAAAAA» les provoca una sonrisa irrefrenable!
Esta locura aparente era un arma psicológica formidable: al crear un ambiente caótico y una falsa torpeza, desarmaba la mente lógica del público.
Una vez que los espectadores abandonaban el deseo de comprender el «truco», aceptaban la pureza de la Magia, convirtiéndose entonces en un momento de libertad, de gracia y de poesía.
4- Un teórico ineludible.
Juan Tamariz también se distinguió rápidamente al convertirse en un teórico y autor importante.
Más allá de sus actuaciones televisivas y escénicas en España y a nivel internacional, era un erudito y rápidamente se convirtió en el líder de la escuela española de magia (Arturo Ascanio fue sin duda su padre espiritual y Dani DaOrtiz es sin duda uno de sus hijos).
Sus principales contribuciones teóricas son estudiadas por magos de todo el mundo a través de varias obras de referencia.
Podemos citar:
«Teoría y Práctica de las Cartas Trucadas» con Ramón Varela, (1970): Uno de sus primeros escritos técnicos colaborativos traducidos al francés, explorando la fabricación y el potencial de las cartas especiales.
«Monedas» (1969): Una de sus muy raras contribuciones tempranas enteramente dedicada a la magia con monedas.
«La Vía Mágica» (1987) ("La vía mágica"): verdadero tratado psicológico sobre cómo guiar inconscientemente la mente del espectador hacia un callejón sin salida, no dejándole otra opción que creer en el milagro.
«Los Cinco Puntos Mágicos» (1981): estudio profundo sobre la importancia de la mirada, el cuerpo, las manos, la voz y la mente para captar la atención.
«Sonata» (1991): obra que reúne técnicas personales (control perpendicular y sus aplicaciones), rutinas inéditas, reinterpretación de la mezcla faro, rutina de navajas, etc.
«Mnemonica» (2000) también es considerada la Biblia de la baraja mnemónica.
«Magia Verbal» (2005): Un tratado dedicado al arte de utilizar la palabra y el lenguaje para crear ilusión.
«El Arco Iris Mágico» (2016): Una colección densa que aborda múltiples facetas de la psicología y la práctica mágica.
«Gran Escuela Cartomágica»: Una enciclopedia monumental en varios volúmenes dedicada al aprendizaje y dominio de la cartomagia.
Sin olvidar, «El Fénix» y «The Magic Rainbow», sus últimos estudios profundos sobre la psicología de la ilusión y la percepción humana.
Sus «Letters from Juan», sus publicaciones en videos, sus masterclass, sus conferencias.
En resumen, la influencia de Juan Tamariz sigue siendo inmensa, y para nuestra mayor felicidad, ¡muchas de sus publicaciones han sido traducidas y publicadas al francés!
5- El concepto de las «falsas pistas» (El camino mágico)
Para ilustrar el poder de la enseñanza teórica de Juan Tamariz, he elegido evocar aquí las «falsas pistas».
Es probablemente el concepto teórico más famoso de Juan Tamariz. De forma esquemática, digamos que se trata de una formidable estrategia psicológica diseñada para destruir cualquier intento de explicación lógica en la mente del espectador, obligándolo a admitir que ha presenciado pura magia.
Consciente de que, ante un truco de magia, el cerebro humano siempre buscará naturalmente comprender el «cómo», y formulará hipótesis: «está escondido en su manga», «la baraja está trucada», «hay un espejo», «hay un hilo», etc.
El método de las falsas pistas consiste en anticipar estas hipótesis, y llevar voluntariamente al espectador por estas pistas, para luego cerrarlas bruscamente una por una, demostrando que son imposibles.
En otras palabras, en lugar de ir en línea recta entre la situación inicial y el efecto mágico en línea recta, Tamariz crea bifurcaciones (las falsas pistas).
Podemos esquematizarlas de la siguiente manera:
Etapa 1: Creación de la pista.
El mago hace un gesto sospechoso o crea una situación que hace pensar al público que ha comprendido el secreto.
Etapa 2: La trampa se cierra.
En el momento en que el espectador está convencido de su teoría, el mago demuestra de manera natural e indiscutible que esta teoría es falsa.
Etapa 3: El callejón sin salida.
El cerebro del espectador debe retroceder y eliminar esta solución definitivamente.
Una de las señas distintivas de las presentaciones de Juan Tamariz era recordar, justo antes de la revelación del efecto mágico, todas las fases de su presentación («usted ha mezclado, usted ha cortado, yo he girado la cabeza, nadie más que usted ha visto la carta, usted la ha firmado, usted mismo la ha vuelto a poner en la baraja, usted ha vuelto a mezclar. Y yo ni siquiera he tocado la baraja. ¿Sí?... ¡Sí! ¡Por lo tanto no podré encontrar su carta!... ¡Es cierto! Porque... la carta no está en la baraja, ¡ya que desde el principio ha estado en mi bolsillo! ¡TIALALAAAAAAA!»
Etapa 4: El impacto final.
Cuando el truco termina, todas las pistas lógicas han sido probadas y destruidas. El espectador ya no tiene ninguna salida intelectual. Solo le queda lo más importante: la emoción mágica, ¡es decir, la sensación de lo maravilloso!
Para concluir, no es casualidad que Juan Tamariz sea considerado, tanto por los más grandes magos como por el público, como el mejor mago de cartas de su época.
También podemos afirmar sin lugar a dudas que Juan Tamariz ha convertido a España en una de las capitales mundiales del ilusionismo al transmitir su conocimiento a generaciones de magos, con su legendaria generosidad.
Así que no, Juan Tamariz no nos dejará pronto, y no, ¡no estamos listos para hablar de él en pasado!
¡Gracias Juan Tamariz, por la Magia, gracias por la Locura, gracias por la Energía, gracias por el Rigor, gracias por la Falsa torpeza, gracias por la Euforia!
« ¡TIALALAAAAAAAAAAAAA! »
Artículo escrito por Sébastien Thill